Regreso al futuro
Jorge G. Castañeda /Héctor Aguilar Camín ( Ver todos sus artículos )

 

Hace un año, Jorge G. Castañeda y Héctor Aguilar Camín publicaron en estas páginas el ensayo “Un futuro para México”. Señalaban ahí los nudos que obstaculizan el desarrollo del país y proponían un camino para desatarlos. Luego de recorrer 25 ciudades discutiendo las ideas de ese ensayo, los autores actualizan la agenda, guiados por una idea fundamental: México es hoy un país mejor que el que la mayoría de los mexicanos tiene en la cabeza. Lo que necesita, dicen Aguilar y Castañeda, es “liderato, proyecto, psicoanalista y publicista”

 

I. Tamaños y proporciones

So we beat on, boats against the current,
borne back ceaselessly into the past.
(Y así seguimos adelante, botes contra la corriente,
empujados incesantemente hacia el pasado.)

—Francis Scott Fitzgerald, El Gran Gatsby

 

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México es un país más grande que el que está en la cabeza de la mayoría de los mexicanos. En un ensayo publicado hace un año en estas mismas páginas dijimos que era preso de su pasado. Añadimos ahora que es preso también de la idea pobre que tiene de sí mismo. Es un país ballena que se sigue creyendo un ajolote. Necesita liderato, proyecto, psicoanalista y publicista. A lo largo de este último año, presentando y discutiendo las ideas del ensayo referido, ahora libro, Un futuro para México, hemos visitado unas 25 ciudades del inmenso país que tenemos —una muestra representativa de los 50 millones de mexicanos, uno de cada dos, que viven en ciudades mayores de 100 mil habitantes (78 millones de personas viven en comunidades de más de 15 mil)—.1* Discutimos con estudiantes de universidades públicas y privadas, con profesionistas y políticos, con periodistas y profesores, con empresarios y creadores, con activistas de la sociedad civil y sindicales. Hablamos con muchas de las víctimas del crimen organizado: ciudadanos y medios de comunicación sacudidos por la amenaza de estas redes, cuya presencia puede sentirse en el aire de algunas ciudades clave del país, más críticamente entre más al norte se vaya y entre más cerca de la frontera se esté. La frontera norte es quizá el nuevo centro de gravitación de México. Hacia ella corren las mercancías y las personas, tanto como los problemas.

Nuestra visión del México que visitamos está acotada por esta dimensión urbana, y padece los sesgos y omisiones del caso, pero está lejos de ser una invención. No encierra segundas intenciones: ni la agenda oculta del político que exagera igual cuando habla a favor que cuando habla en contra, ni la de los periodistas que tienen ojos preferentes para el incendio, no para la normalidad. No es beata: nuestras críticas públicas al presente y al pasado abundan; no es interesada: nos va igual de bien o de mal con esta visión o con su contraria. No es completa, pero abarca un buen gajo del país.


1. El país del archivo imaginario

Lo primero que asalta la vista en el recorrido por las ciudades del país es precisamente su tamaño: son parte de un país grande, en el sentido expansivo y prometedor que usan los brasileños para hablar de Brasil: “o país mais grande do mundo”. La población de México se ha multiplicado siete veces en un siglo. Sólo 10 países en el mundo tienen más habitantes. Si sumamos los 11 y medio millones de mexicanos que viven en Estados Unidos, somos ya algo más de 121 millones. En 1910 México albergaba a siete habitantes por kilómetro cuadrado, hoy hay 55, y esa nueva densidad humana se impone a la percepción de quien pasa la mirada por México.2** Todo impresiona. Las distancias, las cantidades, los tamaños, la infraestructura, las vialidades, el equipamiento físico y social. Un ejemplo: costará casi dos millones de dólares y más de nueve años construir una carretera de Durango a Mazatlán3 para conectar de una vez por todas la costa noroeste de México con el norte central, el noreste y el sur de Estados Unidos. Si fuéramos sensatos tendríamos tres husos horario. Cancún, Cozumel y Chetumal deberían de estar tres horas adelante de Tijuana y Mexicali.

A pesar de las quejas de parálisis o estancamiento, el país ha cambiado enormemente en los últimos 15 años, no sólo en relación consigo mismo y con otros países de América Latina, sino también, sobre todo, en relación con el país que los mexicanos guardamos en la cabeza, ese país de archivo que rige nuestro imaginario: el país de la crisis perpetua. El país que está fuera del archivo lleva 15 años sin haber sufrido un descalabro financiero como los que padeció cada seis años desde 1976, con la correspondiente destrucción de patrimonio y del nivel de vida. La consecuencia perceptible de esos años de estabilidad ha sido un ensanchamiento de la clase media, medida como se le quiera medir, con una reducción sensible de la pobreza, e incluso, de modo sorprendente, con una pequeña pero sostenida merma de la desigualdad. Todo lo cual no significa —y esperamos que se desista de hacernos decir lo que no decimos— que para nosotros la pobreza en México ha desaparecido, que el abandono rural y especialmente indígena se ha desvanecido, o que la miseria urbana se ha superado. Para una porcentaje intolerablemente elevado de los mexicanos estas plagas persisten; sólo decimos que a diferencia de antes, cuando esos mexicanos desamparados conformaban una mayoría clara del país, ahora constituyen una minoría variante: la indígena muy pequeña, la rural cada día menor, la que padece la pobreza urbana, muy por encima de lo aceptable.

Pese a la brutal caída del producto interno en 2009, al finalizar este último año el ingreso per cápita de los mexicanos era de 13 mil 200 dólares, medido en dólares PPP: paridad ajustada según el poder de compra del dólar en cada país, como se calculan ahora estas cosas.* Comparado con los otros dos países latinoamericanos cuyos logros se reconocen mundialmente, el ingreso de México era inferior a Chile, con 14 mil 600 dólares, pero superior a Brasil, con 10 mil 100.4 La mediocre tasa de crecimiento mexicana que produjo este resultado fue de 3.56% en promedio entre 1996 y 2008, excluyendo ciertamente los dos años de crisis: 1995 y 2009. El crecimiento promedio de Chile fue de 4.19% y el de Brasil de 2.99%.5 La pobreza total de México (pobreza extrema más pobreza a secas) pasó de 47.7% en 1989 a 31.7% en 2006, una caída de 16%.6 En Chile pasó de 38.6% en 1990 a 13.7% en 2006, mientras que en Brasil disminuyó del 48% en 1990 al 25.8% en 2008.7
En otras palabras, tanto en ingreso per cápita como en tasa de crecimiento, a México le ha ido mejor en estos 15 o 20 años que a Brasil y peor que a Chile, el campeón latinoamericano en todos los indicadores de modernidad. En combate a la pobreza México arroja peores resultados que Chile y Brasil, pero con una tendencia a la reducción parecida. El aumento en el consumo per cápita de carne, electricidad o automóviles durante estos 15 años ha sido semejante para los tres países. Ha sucedido lo mismo con la disminución de la desigualdad: entre 1999 y 2008, según los cálculos de Luis Calva-López y Nora Lustig (realizados para el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), México redujo su coeficiente Gini en más de 5%, Brasil en 3% y Chile en 1%.8

A estos hechos y tendencias hay que agregar, como señaló The Economist en su número del primero de octubre, que las cuentas nacionales mexicanas están mal hechas y hace falta corregirlas a la alza, añadiendo entre 0.5% y 1% al crecimiento registrado desde 1996. Al emparejar las cuentas mexicanas con criterios internacionales, el PIB per cápita sería, según The Economist, 10% superior al que muestran las estadísticas oficiales anacrónicas.**

El país de archivo que rige nuestro imaginario sobre México es también anacrónico y mide mal el país real. El México del archivo muerto, hijo de las cicatrices del pasado, es un país estancado, empobrecido, muy inferior en su desempeño a los mejores de América Latina, precisamente Chile y Brasil. No es así. México es un país mejor en todos los órdenes al que ha sido antes en su historia. En todo, menos en la opinión que tiene de sí mismo. No atribuimos la paternidad de este hecho ni al Espíritu Santo ni al buen o mal gobierno, ni a un entorno internacional favorable o a la inercia. Tampoco afirmamos que el país no podría estar aún mejor. Sólo decimos que más o menos en partes iguales, los sexenios de Zedillo, Fox y Calderón, aprovechando las bases que dejó Salinas y superando los escollos que también dejó, han podido aprovechar algunas circunstancias favorables para colocar al país donde está. A pesar de sus insuficiencias, errores e irresponsabilidades, han permitido un avance de la magnitud que hemos descrito rápidamente.*

Acceso al ensayo completo aqui: NEXOS