¿Por qué los policías deben pasar por una evaluación de confianza? Si salieron, por ejemplo, de una escuela formadora de agentes del orden, ¿no es su título ya una garantía suficiente de que año tras año, indefinidamente, harán bien su trabajo?

 ¿Por qué se requiere de un registro de la Secretaría de Salud, si alguien cuenta ya con sus materias aprobadas y su título de una universidad, incluso pública? ¿Por qué un pediatra, neurocirujano o ginecólogo necesita estar refrendando periódicamente su competencia ante un colegio que lo certifica y avala?

El tema de la evaluación docente por momentos se adensa y se complica. Me impactó ver los videos de los maestros que fueron entrevistados, en su marcha de rechazo a, entre otras cosas, la evaluación universal. Los argumentos ofrecidos por ellos son:

a) no tienen por qué evaluarlos, porque ya fueron evaluados cuando se titularon; b) la evaluación no es buena, porque no es integral; c) la evaluación no la pueden hacer los que desconocen lo que es ser maestro; d) la evaluación es una imposición del Banco Mundial; e) no se puede evaluar a los maestros igual, porque se debe tomar en cuenta la deficiente infraestructura y la pobreza de las familias que “allá nosotros tenemos”.

El argumento a) tiene una premisa deficiente, pues una vez por todas no basta, especialmente en una práctica que exige renovación. La evaluación, como proceso de recapitulación e identificación de mejora, debe ser continua; cuando alguien actúa como agente social de un derecho fundamental (el derecho a la seguridad, a la salud o a la educación) necesitamos asegurarnos de que puede cumplir adecuadamente su papel en el tiempo.

El argumento b) es válido, con la condición de que uno sepa de cierto que NO es integral la propuesta actual. Lo que me intriga es cómo les consta a los maestros que protestan que la integración que se va elaborando es parcial, sesgada o incompleta. ¿Cómo sería integral? Se aceptan propuestas –más allá de consignas- para saber qué tan integral es lo integral, o qué aspectos se dejan de lado en algo que de cierto ninguno conocemos (salvo los especialistas que desarrollan la prueba).

El punto c) tiene una vez más premisa deficiente; implica considerar que “sólo un maestro puede evaluar a un maestro”. Para fines del bien público que les toca entregar, y que se debe evaluar, eso es falaz. Es falso que sólo una mujer puede ser ginecólogo, o que un astrónomo ha de ser astronauta para hablar con sentido de las estrellas. Hay expertos en la profesión docente que no han sido jamás, en su vida personal, maestros frente a grupo, y su juicio es ponderado, fundado y certero. ¿A poco los maestros aceptarían que los niños les dijeran: “sólo un niño puede evaluarme”?

El punto d) da ternura por ingenuo. El Banco Mundial, el FMI, el BID o cualquier otra agencia internacional difícilmente “impone” algo, y menos en el campo educativo. Los cientos de volúmenes de recomendaciones –y lo saben de cierto los actuales funcionarios de la SEP- en general pasan una plácida y no conflictiva vida en los estantes de las oficinas. Es triste que algunos maestros de educación básica piensen que en México no hay especialistas de educación, universitarios renombrados internacionalmente, que propongan el valor de la evaluación docente, y que se imaginen “mandatos” de torvos multimillonarios quienes, desde sus oficinas de Washington, llamaron con sus teléfonos de oro a sus lacayos mexicanos para que a la de ya, les apliquen una evaluación a los maestros oaxaqueños que están poniendo en peligro sus bonos de NASDAQ. Ajá.

El punto e) presupone que se va a pedir a los maestros que logren con sus alumnos resultados idénticos. Que la forma de calificar al maestro de Zirahuén es exigirle que sus alumnos “saquen” en ENLACE lo mismo que los niños de la Colonia del Valle, privilegiados que sí desayunaron, van a una escuela con aula de medios y que su papá es contador en lugar de obrajero. Un uso de ENLACE así sería abominable, pero hasta donde hay evidencia noticiosa o de documentos oficiales, nadie propone eso.

Yo sostengo que los maestros necesitan ser apreciados y comprendidos. Que el diálogo no puede reducirse a “mesas de trabajo” con Gobernación u otros entes no educativos. Que especialmente los gobiernos estatales, pero también la SEP, han de reconocer que no saben hablar con los maestros y que mandar circulares no es la forma de entenderse. Que los maestros deben hacer un esfuerzo por entender que el “mundo”, y especialmente los ciudadanos no están contra ellos. Que el SNTE ha sobrevendido a los actores sociales y políticos su capacidad de hablar por los maestros. Y que evaluar no es agresión, sino crecimiento: poner luz es sólo vergonzoso para quien tiene algo que ocultar.

 

DAVID CALDERÓN

Director de Mexicanos Primero

Miércoles 24 de Enero de 2012