Mientras vemos como otros países avanzan en competitividad, empleo y educación, en México nos esforzamos en seguir rezagados en estos y muchos otros temas más.

En el inicio del ciclo escolar, la Secretaría de Educación Pública confirmó lo que hace algunos meses había declarado: ya no habrá reprobados en educación básica. Con un argumento blandengue que ha despertado polémica, la SEP deja atrás la tradicional boleta de calificaciones y da paso a la cartilla de educación básica, con el fin de evitar que haya deserción escolar (eso dicen).

En apego a la Reforma Integral de la Educación Básica, les falto aclarar que bajo el nuevo modelo educativo, lo que se supone van a evaluar es el nivel de competencia logrado (saber, saber hacer, saber ser). La evaluación deberá entonces reflejar esos niveles de competencia: Muy competente, medianamente competente, competente, no competente.

Con esta medida, no sólo se deja de reconocer y de premiar al buen estudiante, al que aspiraba al 10 en su boleta, sino que se abre la puerta para que se multiplique la mediocridad.

Mucho tendrá que explicar el Secretario José Angel Córdoba al Congreso de la Unión sobre el por qué deja de lado la calificación numérica para dar paso al término “promovido” y sobre todo por qué razón dejan en los padres de familia una decisión tan importante como lo es la de promover o no al alumno, la cual solo compete a los responsables del proceso de enseñanza y aprendizaje: Los maestros.

Y no estaría de más el que se pronunciarán también sobre el tema quienes encabezan las asociaciones de padres de familia de las escuelas públicas y privadas.
¿Sabían ellos de este cambio? ¿Se les consultó sobre el tema? ¿Avalan ellos el nuevo sistema de calificación?

Es una verdadera lástima que en un mundo cada vez más competitivo y exigente, en el cual tendríamos que estar preparando a los niños y jóvenes con la misma exigencia que lo hacen los países que quieren salir adelante, ahora nos da por evitar “presionar en su estima” a los estudiantes y debilitar aún más el sistema educativo. Así, para no herir al mal estudiante en su autoestima, se opta por matar las aspiraciones de los buenos estudiantes.

Ante tal anuncio, parece ser que no solo se acepta la baja calidad educativa, sino que de plano se tira la toalla en el tema, porque no creo que piensen que tal decisión ayudará a los alumnos a mejorar en su aprendizaje. En lugar de querer escalar mejores posiciones en las evaluaciones educativas internacionales, ahora “todos los alumnos tienden a ser iguales”, claro, iguales de mediocres.

Si algo hemos perdido son valores y muchos de ellos se enseñan en la escuela. Ahora en lugar de fomentar en los niños y jóvenes la sana competencia y la responsabilidad de obtener buenas calificaciones en sus estudios, se optó por el camino fácil. A ver si no se les ocurre también salir con que la asistencia a clases no es obligatoria, al fin que ya no se tendrá la obligación de reflejar los conocimientos adquiridos en un examen que compruebe si eres apto o no para pasar al siguiente grado.

O mejor aún, darles la dirección de las imprentas que operan en la Plaza de Santo Domingo y que al momento les imprimen, sin requisito alguno, el título de lo que quieran. Por cierto, como todos queremos que México progrese, sería bueno que éstas empezaran a imprimir no solo títulos de licenciatura sino también grados de maestría y doctorado.

Pobres chicos cuando tengan que salir del mundo artificial de la escuela y enfrentar la dura realidad de la competencia global. Pobres de quienes vayan a ser atendidos en el futuro por los médicos, ingenieros, etc. producto de este sistema educativo.

Tomado del Universal
27 Agosto 2012