Después del largo tiempo que se lleva hablando en ámbitos educativos de las TIC, de sus potencialidades, de la mejora metodológica que van a provocar, de la revolución que supone, de los beneficios de usarlas por ser lo que se halla en el entorno social más cercano de los niños y jóvenes, etc. resulta que no hay casi nadie en los centros educativos que las use como debe.

La mayoría de los docentes se dedican a realizar un consumo de materiales realizados por terceros (léase editoriales) y, el más avezado en ello, se atreve quizás a montar un PowerPoint de forma autónoma. Hay excepciones (demasiado pocas), claro está.

Por tanto algo no funciona.

¿Cuáles son los problemas habituales para implementar las TIC en el aula?

A mi entender, los problemas fundamentales para ello son los siguientes:

  • Administración incapaz de provocar que sus docentes cambien sus prácticas educativas. Ni incentivos, ni regulaciones que hagan posible que, en un período de tiempo razonable, el trabajo con dispositivos se haga de la manera más eficaz posible (sin ser necesaria la completa sustitución).
  • Conectividad limitada. Incluso las escuelas con mayor dotación tecnológica tienen unas limitaciones importantes en cuanto a conectividad (velocidades de sus redes -tanto cableadas como wifi- que necesitan una mejora urgente)
  • Responsables de aulas de medios en educación básica o coordinadores TIC más dedicados a otras cosas, en lugar de ser los dinamizadores del uso de las TIC en sus centros educativos.
  • Decisiones que hacen referencia a “aparatos” educativos y “programas” tomados desde oficinas alejadas de las aulas. No es raro ver como son muchos los postulantes que, sin haber intentado un solo día enfrentarse con la realidad de las escuelas, planean la introducción de tal o cual dispositivo o de plataformas de formación.
  • Falta de evaluaciones externas (e internas) sobre la eficacia de los diferentes métodos de trabajo en aula donde intervengan las TIC.
  • Falta de formación efectiva para el profesorado. Muchos docentes se forman en cursos que, por no llamar inútiles, los llamaríamos de cuestionabilidad absoluta. Unos cursos que, más allá de satisfacer la cantidad de horas necesarias para recibir apoyos económicos, presentan una utilidad nula a la hora de aplicar lo aprendido en las aulas.
  • Incapacidad de la realización de trabajos colaborativos donde se usen las nuevas tecnologías.
  • Inexistencia de una planificación adecuada en los escuelas para diseñar un proyecto de introducción de las TIC. Permea entre los gestores educativos la política de la ocurrencia, en lugar de la estrategia.
  • Moodle. Sí. Moodle es un error con mayúsculas. Un sistema de gestión de contenidos de aprendizaje totalmente rígido y vendido como el maná para todo el profesorado por la facilidad e interoperabilidad entre las diferentes escuelas.
  • Motivación. No se motiva para que se de un cambio metodológico donde el docente se vea obligado a adaptarse a la realidad del siglo XXI. El único premio que recibe el “innovador” es una carga de trabajo mayor que la de sus compañeros.
  • Tiempo para que el docente adapte la metodología a esta nueva realidad. El docente, dispone de menos tiempo para “cosas útiles” y tiene un aumento de carga burocrática en su tarea. Sin tiempo, es imposible la adaptación.

Como vemos, la mayoría de las causas se deben al docente y a una mala gestión por parte de la Administración. Es por ello que, hasta que la Administración no se plantee potenciar el cambio (premiando o sancionando) y el docente no le encuentre utilidad real a modificar su metodología educativa incorporando las TIC, cualquier posible integración natural de las mismas en las aulas de nuestro entorno seguirá siendo pura utopía.

Julio Aviles R.

Presidente de ABTE