Su campaña para alcanzar la presidencia de la república este 2018  sumó a los sindicatos disidentes, a las fracciones radicales de la CNTE y algunos rebeldes del SNTE, en aras de reunir el mayor número de votos posible. A cambio de ese apoyo, usted se comprometió a eliminar la reforma, “borrarla de la Constitución” y desaparecer al INEE (Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación).

Sin embargo, los detractores de la Reforma de Peña Nieto, sustentan sus afirmaciones (entre ellos usted, como candidato a la presidencia) en una serie de falsedades, o por lo menos de verdades a medias. No existen “los miles de maestros sancionados por la evaluación punitiva”. Ningún maestro –y lo sostengo con datos del INEE– fue separado de su cargo a causa de una evaluación negativa. Es falso. Es una afirmación retórica de los maestros radicales para echar abajo la evaluación docente.

Fueron separados del servicio alrededor de 540 maestros, todos, por ausentarse sin justificación a sus labores docentes: ninguno a causa de la evaluación.

La tan llevada y traida “evaluación punitiva” solo existe en el imaginario de los disidentes y mediocres docentes de la CNTE, que estan a favor de nada y en contra de todo, puesto que no había consecuencias ni castigos. Tres evaluaciones reprobadas, después de tres períodos de aplicación, con los consiguientes programas y cursos de capacitación de por medio, producía, cuando mucho, el traslado de la planta docente al área administrativa. Es decir, cuando mucho, se le separaba de labores frente a grupo y se reasignaba como trabajador administrativo, sin daño o menoscabo de su salario. ¿Donde está entonces lo punitivo?

Muchas de las afirmaciones señaladas ayer por el secretario Moctezuma, como “la visión regional para la formulación de contenidos” o “la equidad con las escuelas más pobres”, existían ya en el marco de la reforma.

La desaparición del INEE procede de otra visión equívoca basada, ya sea en la ignorancia o en el revanchismo político: el INEE, señor presidente y señor secretario, con todo respeto, NO EVALÚA, no es responsable de evaluar a los docentes. Ese es trabajo de la SEP y lo ha sido desde el primer día. El Instituto determina parámetros, áreas de interés relevante al sistema educativo, áreas de oportunidad para el crecimiento de los docentes. Y después, con los resultados en la mano –que provee la SEP y las agencias por ella contratadas para aplicar las evaluaciones– analiza los resultados y realiza recomendaciones.

Pero a la CNTE le parecía ofensivo que el INEE subsistiera, les parecía inaceptable que un instituto autónomo pudiera ofrecer una visión precisa, basada en evidencia, acerca del rendimiento, desempeño y orientación de los docentes. Había que destruirlo y el presidente les cumplió. No importa que fuera de enorme valía para la educación mexicana –pobre y atrasada–, no importa que ofrecieran estudios e investigación sólida que permitiera conocer el estado exacto de nuestras escuelas, directivos, aprovechamiento, competencias. Había que eliminarlo por una absurda promesa política de campaña. Lamentable.

Desaparecer el INEE representa un grave retroceso al pírrico avance educativo de México.

Y muy probablemente, como aparenta el anuncio, será solamente modificado su nombre y su estatus: pasará a ser el Instituto de Revalorización Magisterial y dejará de ser autónomo.

Los organismos autónomos fortalecen a un régimen democrático. Trabajan en el marco de la ley, pero separados de gobiernos y partidos. Son el garante de la rendición de cuentas, la esperanza de la transparencia, la institucionalidad de la observancia en políticas públicas y la garantía certera de datos confiables. Ahora serán, como tantos otros, empleados de la SEP y por ende sometidos a sus políticas y criterios.

Existen tres tipos de evaluación, la de ingreso, la de desempeño y la de concurso. Desconozco si el nuevo proyecto de ingreso, permanencia y promoción estará sustentado en desempeños medibles y confiables o como antes, las plazas serán entregadas al sindicato para que ellos, democraticamente decidan quien si y quien no. Es probable que regresemos a la era del control sindical. Ellos,  los líderes, deciden quién es director y quién coordina, quién puede buscar una promoción y quién permanece congelado en los sótanos del sistema.

Han sido evaluados en estos casi cuatro años de implementación, arriba de 800 mil docentes en México, donde la inmensa mayoría, arriba del 94 por ciento, afirma estar satisfecho con la evaluación.

El nuevo gobierno se equivoca en conceder “este compromiso cumplido” a los más radicales, porque vendrá ahora una batalla por los dineros y el presupuesto, que es lo que verdaderamente les importa. ¿También les va a conceder la nómina, Sr. presidente?

¿Como puede la autoridad educativa, directores, maestros, padres de familia, garantizar una educación de calidad si importar el modelo educativo?

¿Que sí y que no funciona en el aprendizaje de los niños y niñas mexicanos?

¿Que sí y que no funciona en el liderazgo del director en las escuelas?

¿Que sí y que no funciona con los programas curriculares?

Estas son las preguntas que requieren respuesta urgente y no las respuestas que el Sr. Presidente da a quienes lo llevaron a la presidencia.

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