Falla la cobertura en educación superior

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Reforma | Por Sonia del Valle

Marzo 28 de 2011.

El informe regional 2011 de la UNESCO ‘Educación para Todos’, revela que en México el número de alumnos en las aulas disminuye conforme avanzan en su trayecto escolar.

Mientras que en primaria cerca de 98 por ciento de los niños y las niñas tienen acceso a la escuela, esta cifra cae a 70 por ciento al ingresar al primer grado de secundaria y a 24 por ciento en la educación superior.

En el año 2000, la cobertura en primaria era de 97 por ciento; la cobertura en el primer grado de secundaria era de 57 por ciento, y en educación superior la tasa de cobertura alcanzaba 20 por ciento.

Al comparar las tasas de cobertura en primaria de México con los países latinoamericanos y caribeños, el País se ubica este año entre los primeros 10 lugares.

La tasa de cobertura en primaria nos colocan en el sexto lugar de la lista, pero México cae hasta el lugar 19 en secundaria.

El informe regional de la UNESCO hace un análisis sobre los avances que los Países han hecho para cumplir con el Programa Educación para Todos, firmado en 1990 en Jomitén, Tailandia; el cual se evaluó y revisó en 2000 en la Conferencia Mundial de Dakar.

Diez años después, esta semana se analizan nuevamente los avances en Jomitén.

Con 98 por ciento de cobertura en primaria, México se ubica en el sexto lugar por abajo de Belice, Cuba y Bermudas que tienen 100 por ciento de cobertura, y en el lugar 19 en secundaria, pues sólo 7 de cada 10 estudiantes ingresan a la edad reglamentaria al primer año de secundaria.

En contraste, en Chile la cobertura es cercana a 85 por ciento; en Brasil es del 80 por ciento y en las islas caribeñas de Monserrat, San Vicente y Granada es superior a 90 por ciento.

Pese a que el Programa Educación para Todos compromete a los Países a garantizar que 100 por ciento de las y los niños de escasos recursos y que viven en comunidades aisladas vayan a la escuela, en México cerca de un millón de jóvenes no asisten a la escuela.

Sobre el porcentaje de personas de entre 19 y 24 años que tienen el bachillerato concluido, el informe indica que en México es de 45 por ciento, lo que lo coloca en el lugar número 13 de 23 Países de la región, por debajo de Chile, que tiene un porcentaje de 80 por ciento; Venezuela, con 62 por ciento, y Brasil, con 57 por ciento.

En educación superior, México llega apenas a 24 por ciento de cobertura, mientras que Cuba cubre 87 por ciento; Venezuela,76 por ciento; Argentina, 58 por ciento, y Perú, 33 por ciento.

Al comparar el porcentaje de alumnos que acceden a la educación superior, México se ubica en el lugar 15 de 23 Países.

El informe identifica como los principales desafíos para la región: la repetición y el abandono en la enseñanza primaria y secundaria; ampliar la extensión de la oferta y la conclusión de los estudios para jóvenes en educación media superior y superior, y mejorar la calidad de los aprendizajes.

Sótano

Estado de la educación superior en países latinoamericanos.


Cuba   87%
Venezuela   76%
Argentina   58%
Perú   33%
México   24%

Cobertura escolar de México

Primaria   98%
Secundaria   70%
Media Superior   45%
Educación Superior   24%

 

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¿El error de Lujambio?

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Lunes 14 de marzo de 2011

Por Ricardo Raphael

La semana anterior, un discurso del secretario Alonso Lujambio despertó enojo entre las familias que tienen estudiantes en el sistema educativo mexicano.

Según puede leerse en los titulares que aparecieron al día siguiente de que este funcionario inaugurara el Congreso Internacional de Educación, el secretario “regañó a los padres y defendió al SNTE” sobre sus respectivas responsabilidades en la formación de los menores.

Si se revisan las palabras, puede corroborarse que hizo lo primero pero no lo segundo. Pasó reproche contra las familias de los menores, pero no prestó amparo a favor de la cúpula sindical más desprestigiada del país.

Amonestó Lujambio a los padres (y madres) de familia que “piensan que la cultura de la lectura se aprende en la escuela.” Según este miembro del gabinete federal, tal hábito debe obtenerse principalmente en casa.

¿Acaso ignora la autoridad que, en promedio, 75% de madres y padres de familia mexicanos no tienen una formación escolar superior a tercero de secundaria? Si el hábito de la lectura estuviera sólo en sus manos, probablemente habríamos de resignarnos a que, durante la actual generación, las cosas permanezcan iguales.

Además, 50% de los adultos de cada familia trabajan en México jornadas de tiempo completo. Días, tardes y hasta noches, extenuantes y mal pagadas. Dinámica que ha disminuido el tiempo con los hijos. No es desapego o desinterés. La situación económica, los horarios de la cultura laboral y las distancias geográficas, son todas razones que afectan el tiempo que madre o padre tienen para acompañar a sus hijos en labores escolares.

La imagen bucólica del progenitor leyéndole a sus hijos frente al fuego de la chimenea es sólo eso, una imagen bucólica. Por ello debe pronunciarse tal hábito en el centro escolar. De renunciar a que la lectura sea responsabilidad de la escuela, mañana las y los mexicanos terminarían leyendo aún menos.

Si el secretario tuviera razón, tal cultura jamás habría echado raíces en la especie humana. Hasta hace no más de 150 años, unos cuantos aristócratas y algunas comunidades de religiosos tenían acceso a los libros.

El hábito de la lectura se generalizó en el siglo XIX gracias a una política deliberada del Estado que impuso la práctica de la lectura en las escuelas púbicas.

Salvo extrañas excepciones, es en el centro escolar donde se produce ese hábito, y sólo después, es en casa donde llega a reforzarse. Así ocurrió en México desde aquella primera cruzada por la lectura que emprendiera José Vasconcelos, y que más tarde otros secretarios de Educación habrían continuado.

Con respecto al otro tema del discurso —la supuesta defensa del SNTE— cabe criticar a los medios que reportaron mal. Lo que dijo Lujambio fue que “no compartía la idea, el argumento o el prejuicio de que el magisterio nacional sea el principal problema para la educación del país”. Sorprende que algún asistente al evento haya entendido que el secretario estaba defendiendo al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación.

El día en que el magisterio nacional —los varios millones de profesores con quienes cuenta nuestro país— sea sinónimo del SNTE, México habrá extraviado toda posibilidad de futuro. No es lo mismo la cúpula de ese sindicato o el liderazgo de Elba Esther Gordillo, que todas las personas involucradas en las muy diversas responsabilidades de la educación nacional.

Al cabecear la nota: “Lujambio defiende al SNTE,” la profesión del maestro y la filia sindical de algunos de ellos pasaron equivocadamente a ser una misma cosa. Se valoró al SNTE como la gigantesca encarnación de todos los maestros que imparten cursos en nuestras aulas.

Para que la educación logre reformarse en México sería necesario separar a uno de otro personaje; al profesor, del grillo electorero. El líder charro y corrupto ya no tiene remedio; en cambio, el oficio del docente necesita urgentemente de ser redignificado.

¿Llegará en México el día en que el líder sindical sea sólo eso, un representante, un mandatario de los intereses laborales del profesor? ¿Veremos el día en que el maestro mexicano sea valorado como algo mas grande que un objeto incondicional al servicio de la cúpula encabezada por Gordillo Morales? ¿Ocurrirá el momento en que la autoridad no delegue sus propias responsabilidades en manos de los atrabiliarios dirigentes del gremio magisterial?

Cuando tal cosa ocurra, quizá las madres y los padres estaremos en mejor ánimo para recibir regaños por nuestra falta de hábitos para la lectura en familia.

 

*Analista Político